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Violators will be prosecuted. Enjoy!

viernes, 19 de octubre de 2012

Humano. Capítulo 2


“Prohibido cantar”

Me considero una persona sensible, amable, voraz y humilde. Mi nota como padre, en el caso de que viniera alguien a hacerme una encuesta y me preguntara: “Y usted, señor, ¿que nota se pondría a sí mismo en el caso de que alguien viniera a hacerle una encuesta y le preguntara por la nota que se pondría como padre?”, es un 9. No lo digo yo, es un hecho. Por eso he abandonado mi hogar, en contra de mi voluntad, y he emprendido esta loca, loca aventura de encontrar a mis auténticos hijos a los que, en el caso de que sean relativamente guapos y listos, querré como solo un padre puede querer: sin mariconadas. Así que aquí estoy, saliendo por el portal de mi casa, dándome cuenta de que es sábado y que había quedado con los colegas para tomar unos cacharros, con lo que mi búsqueda queda pospuesta sin dilación hasta el lunes. Un hombre divorciado de cuarentaypocos años necesita divertirse con sus amigotes de vez en cuando. Lo demás puede esperar. Mis amigos, mis hermanos del alma, mis compañeros de asiento en este viaje que es la vida, son patéticos. Los dos. Y no lo digo yo. Lo dicen ellos. A ver, no lo dicen pero yo sé que lo piensan. Y si no lo hacen, deberían. Porque mira que dan pena los pobres. Yo me río de ellos bastante, pero sin disimular, para que se enteren. Y lo digo yo, que era el mantenido de una prostituta. Porque a mí lo de trabajar me cansa. Cuando mi mujer me abandonó y me quedé al cargo de lo que luego resultaron ser tres críos aleatorios, ellos dos fueron los únicos que no me dieron la espalda. Por eso seguimos saliendo juntos. Además de que tienen pasta para invitar a cubatas, que como viven con sus madres no gastan en hipotecas ni alquileres. Yo soy su líder, y como tal, les voy a pedir hoy mismo que se me unan en mi descabellada aventura. Y así baje Dios todopoderoso, creador de todo lo creable, que rompió el molde conmigo, su más excelsa criatura, y sea testigo presencial de este épico mensaje que estoy gritando en mitad de la acera que viene a decir algo así como: prepárate mundo, que allá vamos. 

jueves, 18 de octubre de 2012

Humano. Capítulo 1


 Aventura se escribe con “av” de avioneta

¿Os he contado alguna vez cómo conocí a vuestra madre? Jeje. Es broma. Como ya sabéis, era puta. Y nos abandonó hace cinco años. Pues resulta que no era vuestra madre. No, no me miréis así, yo estoy tan sorprendido o más que vosotros. Me acaban de llamar del hospital. Al parecer hubo una confusión y nos entregaron los bebés que no eran. Las tres veces. Por eso sois negros y vuestra “madre” y yo no. Yo siempre creí que como Lola era meretriz y tal, erais hijos de algún cliente suyo y que a mí me había engatusado con triquiñuelas para casarme con ella y hacerme cargo de lo que a todas luces eran unos hijos bastardos. Y va y resulta que no, que vuestros padres son de Senegal. Así como pasa esto, pasa otra cosa. Hay tres posibles hijos míos pululando por ahí. No soy un iluso, sé que hay muchas probabilidades de que tampoco sean míos. Pero seguramente sí, porque una vez fui a donar esperma y al acabar en la habitación estábamos yo, el bote y un montón de botecitos recién nacidos. Así de potente es vuestro padre, chavales. Padre entre comillas, “padre”, porque si hacéis memoria recordaréis que no sois mis hijos legítimos, por lo de la llamada esa que me acaban de hacer. Y eso es un poco todo el asunto. Voy a iniciar una búsqueda hoy mismo para encontrar a mis verdaderos hijos y quererlos en sustitución de vosotros. Puede que me lleve años y que acabe sin dinero, pero da igual. Necesito conocer a mis verdaderos descendientes. A vosotros os tenía cariño, pero desde hace un rato como que no me importáis una mierda. Ya tengo la maleta preparada, así que me largo. Tenéis unos tupers en la nevera. Cuando se os acaben, bajáis las persianas, apagáis las luces y os piráis a la puta calle. Dejad las llaves donde siempre, que seguramente tenga que volver por aquí y paso de ir con ellas a cuestas, que no quiero perderlas. Y a llorar a Senegal. 

martes, 16 de octubre de 2012

16 de octubre


Tenía 21 años el día que cumplió 22. Se despertó temprano, como siempre. El reloj apenas marcaba las dos de la tarde. Salió de su habitación y se metió en la alacena debajo de la escalera. Era allí donde fingía dormir cada 16 de octubre. Desde los 11 años esperaba una carta, pero ésta nunca llegaba. “Este año sí”, pensaba. “Los dos patitos son mágicos, este año llegará”, se decía. Como realmente en su casa no había ninguna alacena debajo de la escalera, porque para empezar no había escalera, se metió en la despensa y se sentó sobre una farrapeira. Una limpia, no de las que usaban las perras para dormir. Cerró la puerta como pudo y encendió la luz. Después la apagó porque se dio cuenta de que estaba fingiendo dormir. Tenía que engañar a esos astutos magos. Sacó el móvil, abrió el Twitter y escribió: “Qué mal se duerme en mi alacena el día de mi cumpleaños @hogwarts_school.”. Se rió de la brillantez de su plan. “Muajajaja. Muajajajajaja. Muajajajajajaja. Guau, guau. Calla Lúa”. Siguió esperando pacientemente durante un largo minuto. Abrió la puerta un poquito, se asomó y la volvió a cerrar. Creía haber escuchado algo. “Son ellos”, pensó. “Muajajajajaja achús. Maldito polvo de despensa”. ¿Polvo mágico, quizás? Pasó la mano por uno de los estantes, dejando una estela de limpieza y llevándose consigo litros y litros de polvo mágico (unidades internacionales). Cerró los ojos y sopló. También pedía un deseo al mismo tiempo. Y respiraba. Y más cosas, pero tampoco me voy a poner a describir todas y cada una de las cosas que pasaban en ese instante de tiempo. Justo en el mismo momento en que la última mota de polvo abandonaba la palma de su mano derecha, pasaron doce segundos y un papel se deslizó mágicamente por debajo de la puerta. No tenía membrete (porque no sé lo que es). Estaba en blanco. Menuda decepción. O quizás había un mensaje, un mensaje secreto... Rebuscó entre las cosas que se amontonaban allí dentro y encontró lo que quería. ¡Limón! ¡Un limón! Un limón, para los que no lo sepáis, es una fruta así como amarilla que cortas a la mitad y después cortas una rodaja y la pones en la Coca-Cola. Pero también tiene otra función. Cortó el limón con un cuchillo, exprimió un poco sobre la hoja y lo extendió con la mano. Si el mensaje había sido escrito con tinta invisible, el limón desvelaría el texto. Cogió la hoja por las esquinas superiores y sopló para acelerar el proceso. Nada. A no ser que... Le dio la vuelta a la hoja. Allí estaba el mensaje oculto. “So clever”, pensó. “Damn, you magicians”, dijo esta vez en alto. Comenzó a leer. Siguió leyendo. Acabó de leer. Salió de su estúpido escondite, por llamarlo de alguna forma. Recogió el imán que había en el suelo y pegó el papel de nuevo a la nevera, el sitio al que pertenecía, y del que una caprichosa corriente de aire había arrancado y transportado a lo largo de la cocina hasta la despensa.
“Tienes pasta en la nevera de abajo. Saca el pan del congelador. Recoge la cocina. Ten cuidado al cruzar la calle. No cojas caramelos de desconocidos. Fdo: tu madre”.
Otro año más igual, otra nueva decepción. Pero por lo menos tenía la comida hecha.

sábado, 22 de septiembre de 2012

La fantástica historia del bebé que no sólo hablaba, sino que lo hacía en inglés

Bueno, ¿por dónde iba? Ah, sí, sí. Te veo atento, muchacho.

Vale, os contaré la fantástica historia del bebé que no sólo hablaba, sino que lo hacía en inglés. Y procurad no interrumpirme, que pierdo el hilo enseguida y después me paso horas intentando volver al origen de la historia para poder continuar, cosa que no siempre consigo.

Hay un truco, que yo no utilizo pero sé de gente que sí lo hace, que consiste en anotar ciertas palabras clave de la historia. Así, cuando se dan cuenta tras horas de divagar que se han desviado por completo de la historia que pretendían contar, leen la última palabra anotada y retoman la historia desde ella. Corres el riesgo de volver a irte por las ramas en el mismo punto y entrar en un bucle infinito del que sólo la muerte te puede sacar. No sería la primera vez que un hombre muere mientras cuenta una anécdota por utilizar ese truquillo. Así que yo no lo uso. 

Tampoco es que lo necesite, porque suelo ceñirme a la narración de un modo que puede resultar hasta enfermizo para los más divagadores de los llamados cuentacuentos. O abuelos para vosotros, criajos. 

Porque vosotros los jóvenes a cualquier cosa con más de treinta años le llamáis abuelo. Que lo sé yo. No tenéis respeto por la antigüedad. Vivís en una burbuja de cristal blando, del que no se rompe. 

Niños mimados. En mis tiempos a los niños nos trataban como perros, y los ancianos eran la élite. Llegar a cumplir los cincuenta años era mérito más que suficiente como para ser tratado como un marqués. En mis tiempos... 

Estos también son mis tiempos, no mis tiempos mozos, no mi infancia, pero son mis tiempos. Mientras yo viva estos tiempos serán míos. Podré compartirlos con quien quiera, desearé compartirlos con los seres que yo quiera, pero serán míos y de nadie más. Cada hombre tendrá los suyos, durante toda su vida. Vosotros también, mocosos, no os penséis que os vais a librar de vivir. Y con suerte los tiempos de alguno de vosotros perdurarán más allá de vuestra vida. Es el sueño de muchos hombres, no os vayáis a pensar que es una cosa sin importancia. Ahora no lo entendéis, o puede que nunca lleguéis a hacerlo. Yo es algo que siempre he anhelado, pero me temo que no va a ocurrir. 

No, no, no intentéis animarme. Estoy hablando de la vida eterna, y eso no se consigue contando historias en un pueblo perdido de la mano de dios. No seas animal, claro que todo el mundo se muere. Vida eterna en el sentido de permanecer en el recuerdo de todo el mundo durante años y años. Conocéis al Matapiedras, ¿verdad? Por supuesto que lo conocéis. A esa clase de persona me refiero. Os sabéis sus aventuras al dedillo. ¿Alguno sabe dónde nació? Exacto, aquí mismo, en este mismo pueblo mucho antes de que se llamara así. Mucho antes de existir el propio pueblo. Mucho antes de nacer él mismo. Porque el Matapiedras es atemporal. Es paradójico por sí mismo. Es simple como el acto de matar, pero complejo como el hecho de quitarle la vida a algo que nunca la tuvo. Dime. No, gracias, muchacho. Bueno sí, un vasito de agua, por favor. 

¿Vosotros dos no queréis nada? No os vaya a pasar como a la Pequeña  Rocío. No, la bisabuela de la Pequeña Rocío que conocéis. Cuando vuelva vuestro amigo os la cuento. La historia de la Pequeña Rocío. No me digas. Entonces conoces la historia, ¿no? Cuéntasela tú, a ver si así se piden algo de beber. Mientras voy a aprovechar para ir al baño. 

Sigue, sigue, no es la versión que yo suelo contar, pero bueno, tú la conoces de fuentes directas. ¿Qué os ha parecido? Así es, cuatro generaciones hasta la fecha. Os esperamos. No sé que gracia le veis los jóvenes a esas latas de refrescos. La primera lata de esas que vi yo no la vi yo, me la contaron. 

Ahora con la televisión no hay misterios. Pasa algo en una parte del mundo y antes de que haya sucedido ya lo estás viendo tranquilamente sentado en el sofá de tu casa. O en una silla en la cocina, que esa es otra, hay televisores en todas las habitaciones del hogar. Un bicho de esos encima de cada mueble. Seguro que hay una pantalla dentro de cada cajón. Mira que sois raros ahora. 

Que conste que de haber existido ese invento del demonio cuando yo era joven, quizás hubiera habido uno en cada habitación de la casa. Pero es que por aquel entonces las casas tenían como mucho una estancia, o dos. O ninguna. No habré vivido yo en casas sin habitaciones, ni cocina, ni salón, ni baño. La mayoría de las casas tenían un número impar de paredes, y ese número era o el tres o el uno. El techo normalmente estaba sin construir, además de sin colocar. El suelo, cuando lo había, no era más grande que un círculo, pero con forma de cuadrángulo de esos que estudiáis en la escuela. Y afortunado era aquel que tenía internet, el cual todavía no existía, además de que no sé lo que es. Y ahora se pone a llover. Vaya por dios. 

Falta hacía, también os lo digo. El fin de la sequía. Eso era algo que se solía celebrar a lo grande hace no muchos años. Recuerdo la fiesta que se organizó tras la Gran Sequía del 38. Trece lustros estuvo sin llover. Ni una sola gota en sesentaycinco años. Asomaos a la ventana. ¿Veis a lo lejos todos esos árboles en el monte? Si la lluvia os lo permite, claro. Pues antes de la sequía, lo creáis o no, todo ese monte estaba cubierto de árboles, exactamente igual que ahora. Pero, ay, durante la sequía... Desiertos y más desiertos se instalaron aquí, quién sabe por qué. El río que da nombre al pueblo, el río Pueblo, desapareció. Seco, como todos los demás ríos de la comarca. Los árboles, secos también. La vida... La vida se mantuvo, pero a duras penas. Yo por aquel entonces no era más que un niño. O por lo menos eso creo recordar. Sesentaycinco años de mi infancia viviendo en un desierto. No os podéis imaginar la alegría que sentí cuando llovió. Ahora vosotros os entristecéis porque no podéis salir a jugar a la calle. Cosa que ya no hacéis porque os pasáis el día enganchados a vuestros videojuegos. Pero hoy por lo menos estáis aquí, haciéndome compañía. 

Que la compañía es mutua, quiero pensar. Yo disfruto contando estas historias, e intento que no se pierdan. Que perduren, que sobrevivan a su propio vida de cuento. Aunque la mayoría suelen ser efímeras. Es más, las mejores historias puede que nadie las sepa. Puede que nadie haya estado presente en el momento en el que se producían, por lo tanto nadie las puede contar. Es triste. A mí me entristece, por lo menos. A vosotros ya sé que no, a vosotros os pone triste que vuestro equipo pierda. Vergüenza me dais. 

Y no creáis que a mí no me gusta el deporte. Todo lo contrario. O parte de lo contrario, tampoco voy a exagerar. Quizás esto no lo sepáis, porque no es verdad, pero yo fui campeón olímpico de lanzamiento de jabalina. 

Era el año 36 en Berlín. Aquí, en Pueblo, acabábamos de cerrar el año del señor 1931. Para celebrarlo, lancé una piedra con todas mis fuerzas. Una de las pocas que habían quedado tras la tiranía del Matapiedras. No soy astrofísico, pero esa piedra por narices tuvo que entrar en órbita. Cada año la veíamos pasar por el pueblo. Unos segundos fugaces, pero que me llenaban de orgullo. La piedra, cada vez más estilizada, iba perdiendo velocidad y altura de forma exponencial, cúbica o cuadrimensional. Quiso el destino que cayera en el estadio olímpico de Berlín durante la celebración de la competición de lanzamiento de jabalina. Récord del mundo y medalla de oro. A título póstumo, pues aun no he sido galardonado en todo lo que llevo viviendo mi vida. Pero podéis preguntarle a cualquiera. Un lanzamiento perfecto. 

Bueno, ¿por dónde iba? Ah, sí, sí. Te veo atento, muchacho.

Vale, os contaré la fantástica historia del bebé que no sólo hablaba, sino que lo hacía en inglés. Y procurad no interrumpirme. 

sábado, 18 de agosto de 2012

A oscuras

Tengo un miedo terrible a la oscuridad. De pequeño era peor, por supuesto, pero con el paso de los años la cosa no mejoró demasiado. Al aire libre lo paso mal, pero tampoco es que vaya a menudo por el bosque. Es en casa donde sufro. En días como hoy, por ejemplo.
Llevo paralizado en el pasillo más de dos minutos, totalmente a oscuras. No oigo ningún ruido. No debería.
Ahora mis ojos se están acostumbrando a la oscuridad, por eso los mantengo cerrados. Prefiero no ver nada antes que ver una sombra misteriosa y morirme de miedo. 
Intento calmarme pero mi respiración no ayuda. Pruebo a aguantarla pero después es peor. 
Comienzo a moverme. Mis pies se deslizan, flotan, no hacen ruido. Mi mano derecha apoyada en la pared, sintiendo su rugosidad. Ahora solo deseo sentir el tacto de la madera. 
Sé que hay alguien más aquí.
Intento calmarme de nuevo, pero esta vez es mi corazón el que no me lo permite. Late tan fuerte que no me deja oir los pasos que suenan tras de mí. No los oigo, pero los siento a través de mis dedos, a través de mis pies, a través de mí.
Por favor que no encienda la luz. Es lo único que pido. Necesito tiempo. 
Abro los ojos y contengo el aliento ante las sombras que me rodean y se abalanzan sobre mí. 
Sé que el no puede verme. No aún. ¿Corro? ¿Y si me paso la puerta? ¿Qué hago?
Comienzo a girarme. Separo la mano de la pared, mi ancla. La voy a necesitar. La mano izquierda está ocupada, por supuesto. 
Lo veo. Intuyo su silueta más bien. Parece un niño, lo cual no hace más que aumentar mi pánico. 
Los dos brazos extendidos, intentando tocarme, agarrarme. Los ojos brillantes parecen no haberme visto todavía. Pero sabe que estoy ahí. 
Estoy paralizado de nuevo. Su mano derecha ahora busca la pared, la izquierda a diez, cinco, dos centímetros de mi pecho. 
No sé que fue primero, si mi grito o la luz. Lo importante es que inmediatamente después todo estaba en calma. Con la luz encendida el niño ya no me asustaba. Ni mucho menos el pasillo. 
Salí por la puerta limpiando el cuchillo y deseando que en la próxima casa no hubiera nadie.

jueves, 16 de agosto de 2012

Diario.

Dia 1
Si de algo sé es de respirar. En todos los recuerdos que tengo estoy respirando. Por lo tanto si tenemos en cuenta que tengo recuerdos desde los tres o cuatro años, echad cuentas. Soy como una especie de experto en este tema. He practicado tanto que casi me sale de forma automática.
Mi madre acaba de entrar y me ha dicho que no sea burro, que respiro desde que nací. Creo que exagera, ya sabéis como son las madres con los hijos. Además, que yo he visto fotos mías de bebé y no salgo respirando, si acaso intentándolo, pero nada más.
Día 2
Ayer no empecé con muy bien pie este diario: una falta de ortografía en la primera palabra que escribía.
Día 3
Después de investigar un poco he llegado a una conclusión. Curiosamente mi madre llegó a la misma sin realizar estudio ninguno. Ella ya lo sabía. El caso es que soy gilipollas. Los niños nacen respirando. Yo pensaba que hasta los tres o cuatro años se les daba un globo del que chupaban el aire para no morir.
Resulta por lo tanto que no soy experto en nada, lo de respirar lo hace todo el mundo igual de bien e igual de automáticamente.
Día 5
Ayer no escribí.
Día 6
Aprendí a leer con 12 años. Hasta entonces fingía que sabía leer. Me fue bastante bien durante la primaria. Los deberes me los hacía un niño al que pagaba. Creo que era mi hermano. Muy listo, pero debilucho.
Día 7
Pegaba, a mi hermano le pegaba. Yo no tenía dinero en aquellos tiempos. Como sabéis los niños no trabajan, por lo tanto no tienen sueldo. Excepto los cabrones afortunados de China y Tailandia.
Día 8
No recuerdo cuando fue la primera vez que vi un perro. Sé que era martes, pero nada más.
Día 9
De momento en mi vida no pasa nada, por eso estoy recordando situaciones pasadas.
Día 18
Acabo de encontrar mi boli.
Día 19
En el colegio dicen que soy raro. Mis compañeros se ríen de mí. Mi madre dice que no me preocupe, que soy especial. Eso ya lo sabía. Una vez hice caducar un yogurt mirándolo fijamente.
Día 20
Hoy soñé que dormía, así que me tuve que despertar dos veces. Estuve cansado todo el día.
Día 25
He vuelto de la excursión con el cole. Un niño murió. Por lo demás bien, hizo sol.
Día 26
Hoy no hay clase por lo del niño muerto.
Día 29
Mi madre me deja quedarme en casa un día más. Fingí estar enfermo. En realidad me corté una uña demasiado y me puse pálido.
Día 30
Hoy los niños me han mirado raro. Iba sin afeitar. El director me ha avisado que no puedo faltar así porque sí, que tengo una responsabilidad como profesor.
Día 31
Se acaba el primer mes de mi diario. Hoy el niño muerto no ha venido. Me dicen que mañana tampoco vendrá. Ahora me alegro de no saberme los nombres de mis alumnos, por lo de cogerles cariño y todo eso. Cuando quiero que alguno en particular me atienda le tiro una tiza. Soy un muy buen lanzador, muy preciso. Y si fallo da igual, finjo que quería hablar con ese crío.
Día 33
Ayer les mandé a mis alumnos hacer una redacción. Tema libre: el aborto. No sé lo que es tema libre, yo soy profesor de gimnasia. Ahora ya sé lo que es el aborto.
Dñia 34
Estaba visto que iba a suceder, están demasiado cerca. Sí, ahora escribo en el ordenador. No dejaba de perder mi boli. El portátil es más difícil de perder.
Día 35
Acabo de llegar del cine. He ido con mi amigo Luis y con su novia. Hemos visto una peli que me ha gustado mucho. Salían Meg Ryan, Cameron Díaz, Matthew McConaughey (este lo he tenido que buscar, yo creía que se escribía MacConahiy) y Gerard Butler.
Resulta que Meg Ryan era una mujer casada con un hombre muy mayor, casi viejo. Ese hombre, interpretado por Matt Damon con maquillaje, era un antiguo miembro de las SS. Y Meg era judía, pero ninguno de los dos sabía eso del otro. Hasta que un día, cenando con otra pareja (C. Díaz y G. Butler) surge el tema del nazismo y tal. Hay una pelea, con pistolas y todo, y muere Matthew McConaughey, que era el prota.
Al final, el hijo de Brad Pitt, Michael Cera, resulta ser Hitler.
Muy entretenida, a mi amigo le pareció una auténtica bazofia. A su novia muy previsible.
Día 76
Mi portátil murió. Alguien lo pisó. Ahora he vuelto a escribir a mano. Estuve dudando mucho tiempo entre volver a hacerlo o dejarlo. De los cortes del pie estoy mejor.
Día 80
Al final lo dejo.

lunes, 6 de agosto de 2012

Trilogía de Batman by Nolan.

Batman Begins. El título ya lo dice todo. No la recuerdo muy bien. La vi hace mucho, no antes de que saliera, pero sí hace suficiente tiempo como para no acordarme demasiado.
Me sorprendió gratamente, creo. La calidad de imagen del dvd-rip dejaba algo que desear, además de que al ser por la tarde la luz de mi habitación hacía reflejos en la pantalla. Un 6 sobre 7,2.
El caballero oscuro la vi en el cine y después varias veces por aquí y por allá.  Mejor que la primera y, ojo spoiler, mejor que la última.  El payaso ese le daba un toque alegre a la cinta. Le doy mis 10.
La última no sé bien como se llama. Empieza intentando igualar a la segunda sin conseguirlo, y después ya van pasando movidas que para qué contaros. A los fans de "Princesa por sorpresa" nos ha sorprendido mucho la actuación de Anne Hathaway. La nota del film, 4 estrellas.