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Violators will be prosecuted. Enjoy!

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Humano. Capítulo 15.


Coherencia se escribe con teclado de portátil

No me encontré con nadie en todo el camino. Cuando llegué al lugar señalado en el mapa me llevé una gran decepción. No había nadie allí. Mi astuto método había fallado. Tendría que averiguar de verdad dónde la retenían. Sentí que alguien se acercaba, así que me parapeté detrás de unos cadáveres y esperé mi momento para atacar e intentar obtener la información que buscaba.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Humano. Capítulo 14.


El discurso del humano que acompaña al rey y que no tiene ningún problema a la hora de hablar en público por lo que en el caso de que hubiera sido el protagonista de la película en la que está inspirado este título seguramente no tendría sentido haber hecho la película porque simplemente hubiera dado el discurso sin tener que acudir a un profesional para intentar solucionarlo.

Revisé otra vez el mapa. Una cruz marca el lugar, decían. Así que dibuje una cruz al azar en el plano de la ciudad. Por fortuna la pinte bastante cerca de dónde me encontraba. Doblé el mapa, arrugándolo hasta formar una bola, comprobé el arma una vez más y me lancé con decisión hacia lo desconocido.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Humano. Capítulo 13.


Castoira

Moví su cuerpo para poder coger el fusil empapado de sangre. Encontré además munición en abundancia. Desde luego la iba a necesitar. El brazo me dolía bastante, pero ya no sangraba. Levanté el fusil y apunté para ver si era capaz de hacerlo. Me costaba, pero me las tendría que apañar así. No me quedaba otra si quería llegar hasta ella.

La reunificación de lo que acabaría siendo Nueva Castoria no fue fácil, pero tampoco sencilla.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Humano. Capítulo 12.


Castoria

Estaba solo y herido. El sol comenzaba a salir por detrás de los edificios, iluminando tenuemente las calles llenas de escombros. Miré a mi alrededor, intentando encontrar algo de munición. Apenas tenía dos cargadores en los bolsillos. En la pistola, tres balas a lo sumo. Encontré un cadáver. Era fácil distinguir que era uno de “ellos”.

Los castores: esos locos bajitos. Excelentes constructores, pésimos estrategas. Supongo que todos pensaréis que esos bichejos son simpáticos y pacíficos. Y así es. Pero porque no pueden ser de otra forma. Son incapaces de organizarse para obrar mal alguno. Les quitas de hacer presas y no son más que peluches con una sartén por cola. Pero para eso estaba yo allí. Yo les guiaré a una guerra sin sentido

Humano. Capítulo 11.


O cómo un título puede ser más largo que un capítulo

Así. 

jueves, 1 de noviembre de 2012

Humano. Interludio.

La luz de la luna iluminaba tenuemente las suaves colinas. La brisa, apenas perceptible, mecía suavemente las hojas de los árboles más altos. La noche, esa majestuosa dama, lucía su mejor traje: aquel que está plagado de estrellas. Un río partía en dos el paisaje. Tal era la calma reinante que era fácil dejarse llevar y cometer la locura de pensar que el mundo era simétrico respecto a ese lecho sinuoso. Un leve murmullo, lejano en la distancia, quién sabe si también en el tiempo, comienza a levantarse. El aire, antes amigo, amante incluso, se vuelve amenazante. La tierra comienza a temblar, temiéndose lo peor. Lo que antes era silencio ahora ya no lo es. Algo ha cambiado. La luna, desde su posición privilegiada, sabe lo que está pasando. Lo ve. Y le encanta.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Humano. Capítulo 10.


Season finale

Una vez la balsa se detuvo me puse de pie sobre ella. Decenas de ojos fijos en mí. Yo, a su vez, les devolvía sonriente la mirada. Castores. De todos los tamaños, pero con una única forma: la de castor. Ahí estaban, junto a la presa que habían construido. Llevaba esperando este momento meses. Durante el transcurso de mi viaje por Canadá no había parado de imaginar como vivían y se organizaban estos simpáticos ingenieros de la naturaleza. Así que, sin serlo, me creía un experto en sus costumbres. Los miré uno a uno. Puede que me saltara alguno que estuviera medio escondido detrás de alguna rama o debajo del agua. Cuando acabe el primer barrido volví a empezar. Hasta que localicé a quien estaba buscando. Ahí estaba, fuera del agua, a unos metros de la orilla. Me aclaré la voz y confíe en que toda la corteza que había comido durante mi viaje hubiera hecho efecto y supiera hablar castorí.